‘Valor sentimental’ es una de esas películas que irremediablemente se te quedan dentro después de su visionado. Conforme la estaba viendo, reconozco a ratos experimentar ciertas extrañeza respecto a la manera en la que está contada el relato, con cierta fragmentación y complejidad en su narración.
Pero al final y, sobre todo, una vez macerado un poco lo que nos quiere contar Joachim Trier, he de decir que el film me ha maravillado por completo al parecerme un auténtico prodigio narrativo e interpretativo.
Un prodigio por la manera en la que Trier teje esas complejas relaciones entre sus personajes. Toda una disección del dolor y las emociones de una familia a través de los traumas, rencores y silencios acumulados con el paso del tiempo.

Esos silencios, tan importantes para la historia, se transmiten a través de miradas o a través del espacio. En este último aspecto cabe remarcar el magnífico papel que juega la casa familiar en la historia, escenario principal del film, cuyas habitaciones y estancias vacías se hacen eco de eso que no se dice, como testigos silentes del paso del tiempo y de todo el trauma generacional que ha habitado sus paredes durante años.
La casa se transforma y evoluciona al mismo tiempo que sus personajes. Unos personajes tan llenos de capas y perfectamente escritos, pues las relaciones entre ellos son la clave del film, el lugar donde se esconde ese valor sentimental al que se refiere el propio título.
En primer lugar, tenemos a ese director de cine, narcisista y a ratos manipulador, incapaz de mostrar cariño por nadie y que encuentra en el arte el único medio para comunicarse con sus hijas.

Stellan Skarsgard compone un personaje tan cargante a veces como lleno de dolor y de heridas, que son al mismo tiempo las mismas que transmite a sus hijas. El actor sueco nos regala aquí su mejor interpretación que podría valerle muy merecidamente un Oscar.
Por otro lado, está la hija mayor, actriz, llena de rencor debido una infancia marcada por un padre ausente, que canaliza toda la rabia acumulada durante años a través del teatro. Renate Reinsve está espectacular en esta película y demuestra de nuevo una capacidad innata para transmitir y emocionar con apenas una mirada y un gesto.
Su personaje, Nora, es una mujer sumida en la depresión, incapaz de seguir avanzando en la vida al arrastrar tanto ese rencor y dolor durante años, algo que solo exterioriza cuando interpreta.
La película empieza y termina con ella (ese inicio en el teatro es magistral) y es quien recoge el peso más emocional del film pues, al final, no hace sino mostrar su búsqueda constante de la validación y la aceptación de su padre.

Y es que Nora es alguien que necesita ser vista, especialmente por su padre. La interpretación de Reisnve es una de esas interpretaciones que da gusto ver porque sabes que va a ser de esas de las que perduran en el tiempo.
Y podría decir lo mismo de Inga Ibsdotter Lilleaas, la hija menor, un personaje que ha logrado hacer aparentemente las paces con su pasado familiar con tal de tener una vida sencilla y tranquila.
La actriz noruega se establece como la sorpresa absoluta del reparto, con una interpretación que comienza más contenida pero que cuando explota acaba emocionando. Su relación y su química con Renate Reinsve es el punto más emocionante de todo el film.
Porque esa relación entre las dos hermanas es el auténtico corazón de la película. La escena que comparten juntas en la cama y que supone el clímax emocional de la película es tan preciosa como desgarradora y llena de verdad.

Por último nos encontramos al personaje de Elle Fanning, fantástica como esa actriz de Hollywood dispuesta a hacer el papel en la película del padre, un papel rechazado por su propia hija.
Al igual que el resto de personajes, Rachel es alguien que también sufre y que tiene su transformación, porque es una persona muy empática que se nota que quiere hacer las cosas bien y que quiere ser tomada en serio como actriz.
Cualquier otra película le hubiera dado a este personaje un acercamiento quizás más superficial o incluso paródico (se me viene a la cabeza el personaje de Anna Faris en ‘Lost in translation’), pero Joachim Trier le dota de una gran humanidad y acaba incluso resultando enternecedora.

Quizá a ratos puede parecer un film demasiado fragmentado (por un lado la trama de la película del personaje de Skarsgard y por otra la trama de las dos hermanas, con algún que otro flashback). Pero al final es cierto que ambas tramas acaban confluyendo y son necesarias en ese complejo entramado emocional de relaciones entre personajes que es la película.
Entiendo también que haya a quienes les saque un poco del film ciertos mecanismos narrativos como el uso en un par de ocasiones de la voz en off o los constantes fundidos a negro. Yo mismo me incluyo, pero acabé asumiéndolos en favor de su prodigioso guión lleno de capas.

Y es que, como he dejado claro al inicio de estas líneas, ‘Valor sentimental’ es una película que se te queda dentro.
Un auténtico prodigio narrativo que explora de manera magistral las complejas relaciones familiares, la incapacidad de comunicarse, el rencor y la rabia ante un padre ausente. Pero al mismo tiempo refleja, a través de esa hija mayor, la búsqueda de aceptación y validación de ese mismo padre, un director de cine que encuentra en el arte la única vía en la que consigue entender el dolor de sus hijas y de comunicarse con ellas.
Bravo Joachim Trier, menuda joyita.
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