Josh Safdie se desvincula de su hermano para realizar un film en solitario que mantiene el estilo frenético y desquiciado tan característico del cine de ambos. Un retrato de un personaje absolutamente ególatra y narcisista construido para total lucimiento de Timothée Chalamet, que encarna a su personaje más icónico desde su mítico Elio de ‘Call me by your name’.

Una interpretación y un personaje hecho para marcar la carrera de una estrella y que me ha recordado al tipo de roles que encarnaba DiCaprio en los 90. Su Oscar será más que merecido.

Es una lástima que el resto de personajes que orbitan alrededor de su personaje no estén tan bien construidos como el suyo, ya que uno de los principales problemas del film es su guión y la carencia de profundidad que le otorga a sus personajes secundarios.

A pesar de contar con dos actrices como Odessa A’Zion (revelación absoluta) y una fantástica Gwyneth Paltrow, el film no aprovecha el potencial de sus personajes.

Y es que, aunque parta de una premisa aparentemente sencilla e interesante, el film se alarga en exceso con secuencias demasiados abultadas en metraje y que hacen que el presuntamente trepidante ritmo se frene por momentos. Una duración menor ayudaría sin duda a qué la película hubiera resultado más sobresaliente.

Aún así, a pesar de cierto agotamiento llegados a su último acto, la película me acabó funcionando al final como crítica y sátira del sueño americano a través de un personaje tan narcisista, buscavidas y con la constante necesidad de sentirse ganador.

 

Una obra frenética y un tanto cargante e irregular al servicio de un entregadísimo Timothée Chalamet que demuestra la estrella que es y cuya interpretación se antoja icónica y clave en su carrera.