A estas alturas y después de 23 películas Pedro Almodóvar es un cineasta que no tiene la obligación de innovar en su cine. Todos conocemos y amamos cada una de las señas de identidad que configuran su filmografía y su particular universo.

Pues aún así, con ‘Amarga Navidad’, Almodóvar consigue sorprender y proponer una vuelta de tuerca absoluta en su filmografía, partiendo de ese estilo tan reconocible y volviendo incluso a recuperar cierto humor y elementos propios de sus primeros años. Signos que habían quedado ya olvidados por la sobriedad presente en su última etapa como cineasta.

Con esta película, Almodóvar comienza contándonos una historia plenamente reconocible en cuanto a tono y estilo que si bien resulta increíblemente interesante, acaba derivando en una más interesante doble historia que desvela un ingenioso y sorprendente juego metanarrativo. 

Desde aquí el cineasta aborda una potente reflexión sobre los limites entre ficción y realidad que es la clave de la película.

Pero Almodóvar también incluye, para absoluta sorpresa, una impresionante autocrítica ya no solo del propio guion de la película y del lugar hacia donde se estaba dirigiendo, sino ya directamente de su propia figura como guionista y de toda su filmografía.

Y esto lo hace en una inesperada y asombrosa secuencia que sucede hacia el final en boca del personaje de Aitana Sánchez-Gijón, actriz que con este momento se roba absolutamente la película en una interpretación realmente impactante.

Una secuencia contada casi exclusivamente a través del diálogo de sus protagonistas (o casi monólogo) y que debería entrar de lleno en la lista de los momentos más icónicos y memorables del cine del manchego.

Una secuencia que cambia por completo el rumbo de la película y con la que Almodóvar consigue, con su película número 24, seguir sorprendiendo con una voltereta metanarrativa tan inusual en su filmografía como absolutamente fascinante que me dejó sin palabras en la butaca del cine.

Porque con ese final y con esta película, Almodóvar está mirándose al espejo y reflexionando tanto sobre su propio cine como sobre el oficio del guión y del contador de historias. Planteando así cuestiones como la de hasta que punto es legítimo y moral inspirarte en las desgracias ajenas para contar tu historia y satisfacer así tú ego como creador.

Una de las bazas de la película, además de su intrincado guión, es su mega inspirado reparto. Empezando por una contenida y fría Bárbara Lennie que aprueba con sobresaliente la difícil tarea de ponerse por primera vez al frente de un film de Almodóvar como protagonista. La actriz entiende perfectamente todos y cada uno de los códigos de su cine y se entrega de lleno a su universo.

También se entregan totalmente al universo Almodóvar el resto de miembros de su reparto. Victoria Luengo está fantástica y brilla en cada una de sus escenas (esa escena llorando por Chavela es realmente impresionante).

Patrick Criado está absolutamente carismático y arrebatador demostrando un registro totalmente nuevo para él. Milena Smit está hipnótica y desde luego queda claro que el manchego la encauza como nadie a nivel interpretativo. Y Leonardo Sbaraglia hace de perfecto alter ego del propio Almodóvar en su papel de director de cine que recoge la parte más meta de la historia.

Y me dejó para el final a esa ya mencionada fuerza totémica de la interpretación que es Aitana Sánchez-Gijón, cuya brutal secuencia final la hace merecedora de todos los premios posibles.

Una interpretación y una secuencia que como ya he expuesto antes, es ya un hito en la filmografía de Almodóvar y en el cine español reciente.

Y eso sin olvidar a esos pequeños personajes secundarios con apenas una escena pero que llenan absolutamente la pantalla con sus apariciones y sus toques de humor y que evocan irremediablemente a ese primer Almodóvar, al más irreverente.

Hablo de la presencia de Carmen Machi, Rossy de Palma o Gloria Muñoz, actrices clave en el cine de Almodóvar que hacen pequeñas apariciones divertidísimas que dejan con ganas de más.

Y por supuesto hay que hablar también de la incorporación de Amaia y de su preciosa secuencia cantando a capella por Chavela Vargas, uno de los momentos más bonitos y emocionales de la película. Una especie de repetición en clave moderna del «Volver» de Penélope Cruz cantado por Estrella Morente.

Una secuencia que rima con otra en la que suena de nuevo una canción de Chavela Vargas, con Bárbara Lennie y Victoria Luengo absolutamente poseídas y emocionadas, entregadas totalmente a la canción.

Momento que sirve para detonar el conflicto del personaje de Luengo y con el que Almodóvar vuelve a otro de los temas recurrentes en su cine: la amistad entre mujeres y los cuidados. 

La Elsa de Bárbara Lennie es una mujer que no para de cuidar y de salvar a sus amigas de sus propias vidas en lugar de salvar y hacer frente a la suya propia, en la que tiene que superar aún el duelo por la muerte de su madre y cuidar su relación con su novio.

Todos estos elementos nos llevan a un universo reconocible, apoyado por la siempre preciosa y cuidada paleta de colores y estética que caracteriza el universo del director (cada plano es de una belleza pictórica absoluta) y de la siempre efectiva música de Alberto Iglesias.

Pero es en esa parte meta, la historia del director de cine y su asistenta interpretados por Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijon, donde Almodóvar decide jugar con las expectativas y atreverse a caminar por otros rumbos narrativos intransitados por él hasta ahora. Dónde decide partir y doblar la propia película en dos.

Y lo que le sale es un juego metanarrativo absolutamente fascinante y sorprendente que te replantea y resignifica toda la película. dejándote con ganas de más y con una gran reflexión sobre el propio oficio del guionista.

Todo esto hace que ‘Amarga Navidad’ se convierta en una de las mejores películas de su etapa reciente, junto con esa obra maestra definitiva que es ‘Dolor y Gloria’, donde también se abordaba el tema de la autoficción. Aunque no de una forma tan contundente como en este film.

A sus 76 años, Almodóvar ha demostrado con este film que, desde luego, hay cineasta para rato.