‘Backrooms’ es, sin duda, la gran sorpresa del cine de terror de este año. Para nada esperaba toparme con una película profundamente conceptual y tan cargada de personalidad, algo digno de alabar en el cine de género actual.
Pero más digno de alabar es el pulso narrativo y la visión prácticamente inaudita de Kane Parsons, quién con tan solo 20 años es capaz de generar una tensión y una sensación de incomodidad brutal por la manera en la que controla como nadie los espacios.
Esos «backrooms», protagonistas absolutos del film, son espacios liminales tan extraños y enigmáticos como profundamente hipnóticos. Y Parsons logra trasladar al espectador esas mismas sensaciones en su manera de retratar tales sitios, abasteciéndose de encuadres vacíos y planificaciones visuales totalmente medidas que extrapola también a las escenas ambientadas en la realidad, sacando esta sensación de inconformidad fuera de estos espacios.

Y parte de esto se debe, además de su exquisito trabajo de diseño de producción y fotografía, a su inquietante música y diseño sonoro.
Mediante esto, la confusión entre realidad e imaginación se hace cada vez más y más persistente a medida que avanza la trama y hace que acabes el visionado con una sensación de claustrofobia y extrañeza. Mezclada, por supuesto, con absoluta fascinación.
Y es que navegar por estos espacios que propone Parsons junto a sus personajes, es como sentirte atrapado en esos lugares que recordabas de tu infancia que ahora permanecen borrrosos en tu mente. Lo cual te lleva a preguntarte si realmente existieron tales lugares o al menos de la manera en la que imaginas.

La película nos pone frente a frente con una reflexión en torno al paso del tiempo y la manera en la que recordamos las cosas. En como muchas veces nos sentimos atrapados en recuerdos vagos del pasado por evitar mirar hacia la realidad, como evasión o escape. O porque preferimos entrar en esos bucles mentales para evitar confrontarnos a nosotros mismos, como le pasa a ambos protagonistas.
Protagonistas interpretados por un fantástico Chiwetel Ejiofor y, por supuesto, la gran actriz europea del momento Renate Reinsve, que demuestra que es capaz de adaptarse a la perfección a cualquier género que se le ponga encima

Y es que como decía Rosalía: «Siempre que me acuerdo de algo, siempre lo recuerdo un poco diferente».
Lo dicho, absolutamente fascinado con esta película y con el manejo del espacio y la tensión de Kane Parsons. Además, esa estética noventera me da absoluto placer visual.
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