Tras conquistar a la Academia de Hollywood con su film anterior, ‘La favorita‘ (2018), Yorgos Lanthimos se consagra definitivamente como uno de los genios más particulares y visionarios del panorama cinematográfico actual. Y sin duda, más estimulantes.

El director griego logra con ‘Pobres criaturas‘ pulir definitivamente su estilo visual único y particular, por medio de un film arriesgado y muy provocador que gira en torno al descubrimiento de la identidad humana, en clave femenina.

El film es una especie de cuento perverso, audaz, salvajemente explicito y muy divertido. Un viaje alucinante por un mundo que rebosa creatividad e imaginación, que es también a la vez el viaje interior de su inocente protagonista hacia su propio autodescubrimiento. Una especie de coming of age tan salvaje como catártico. Y muy muy divertido.

Con esta película, Lanthimos saca a relucir de nuevo el lado más despiadado y oscuro de la raza humana, una constante en su filmografía. Pero el pesimismo y la comedia más negra propios de su primera etapa, dejan espacio aquí a un atisbo de luz y esperanza, en una historia realmente empoderadora. Sin obviar la parte más divertida, con esos toques de humor absurdo y muy físico, tan propios del estilo del cineasta.

Todo a través de los ojos del personaje de Bella Baxter, interpretado por una prodigiosa Emma Stone. La actriz es la protagonista absoluta de esta divertida y radical propuesta, demostrando en cada plano una entrega absoluta a un personaje tan difícil y extremo, sin caer del todo en lo artificial ni en lo exagerado.

Bella Baxter supone una especie de Frankenstein femenino a la que han trasplantado el cerebro de un bebé y que se enfrenta al mundo por primera vez desde la inocencia de un recién nacido. Stone consigue que el espectador empatice con esta inocente forma de entender el mundo, sin maldad alguna, logrando emocionar con su potente viaje de transformación y autodescubrimiento.

Bella Baxter es un personaje inmediatamente icónico y el segundo Oscar de Emma Stone debería ser inminente e incontestable.

Junto a ella, un reparto de actores igual de comprometidos a la causa. Estos son un divertidísimo Mark Ruffalo interpretando a un personaje profundamente patético, un carismático y tierno Ramy Youssef y, sobre todo, un excelente Willem Dafoe interpretando a una suerte de Doctor Frankenstein, máximo creador, traumatizado por su pasado . Esas son las «pobres criaturas» que acompañan a Emma Stone en uno de los repartos más potentes del año.

La película presenta un apartado visual impresionante y que rebosa personalidad, haciéndose así eco del estilo tan extremo y particular de Lanthimos. Una puesta en escena propia de una distopía victoriana con tintes oníricos y surrealistas.

El director eleva a la máxima potencia las técnicas audiovisuales ya presentes en su anterior film, con ojos de pez, distorsiones de la imagen y grandes angulares por doquier. Este estilo, apoyado por una inquietante y acertada banda sonora, contribuye a crear una atmósfera muy particular y una experiencia sensorial realmente extraordinaria y diferente a cualquier otra película.

En definitiva, Pobres criaturas es un delicioso y estimulante viaje de autodescubrimiento que supone una relectura radical del cuento de Frankenstein, con un acertadísimo toque de liberación feminista y existencialismo. Y con una actriz entregada en cuerpo y alma a la causa.

No se me ocurren adjetivos suficientes para calificar está película. Toda una experiencia tan divertida como retadora. Sublime.